Yadira Carvajalblog inglés >

Yo crecí en Bogotá, Colombia y cuando mi hijo mayor tenía sólo tres años, me mudé a Storrs, CT para acompañar a mi esposo mientras él realizaba su doctorado en la Universidad de Connecticut. Mi esposo y yo siempre dimos mucha importancia a la educación y queríamos compartir ese valor con nuestro hijo y a la vez ser buenos padres. Al encontrarme en medio de una cultura muy diferente en los Estados Unidos, se me presentó la necesidad de mejorar mi inglés y las habilidades de crianza para mi hijo primogénito. ¡En un gran golpe de suerte, “Boom!” Encontré un volante que ofrecía clases de crianza para padres en inglés. ¿Puedes imaginar? Ese volante cambió mi vida para siempre. ¡Estaba emocionada de poder resolver ambos problemas simultáneamente! Y fue ese volante el que me permitió conocer a Joe y Ruth Freeman, educadores de padres, quienes han sido maestros importantes para nosotros y se hicieron amigos de toda la vida para mí y mi familia.

De acuerdo con mis patrones culturales latinos, asistir a un curso que enseñaba técnicas y habilidades para ser una mejor madre sonaba raro para en ese momento (hace 13 años). Mi familia siempre usó el castigo físico como una herramienta para criar niños. Me di cuenta de que tenía que cambiar esa práctica por completo. En las clases de crianza a las que asistí, y tuve que asistir a varias, aprendí que lo más importante es prestar atención a las conductas positivas de los niños e ignorar las negativas. Ésta fue la idea que presentó la mayor cantidad de desafíos. Siempre tendía a ver los errores que cometía mi hijo y no veía los éxitos de su comportamiento. Era confuso porque pensé que la manera de ayudarlo a ser un niño mejor educado era castigarlo. Soy ingeniera y la investigación es importante para mí. Me sorprendió aprender en la clase para padres que hay mucha investigación indicando que el castigo no ayuda a los niños a comportarse mejor. Era difícil de creer porque el castigo es muy común en mi cultura.

Gracias a esta nueva idea para mí, los comportamientos desafiantes de mi hijo, como los berrinches, las explosiones y el negarse a seguir instrucciones, comenzaron a disminuir. En casa, comencé a gritar cada vez menos. Y con el tiempo su comportamiento fue mejorando. Me sentí tan aliviada de tener menos conflictos con él y ver que era más calmado en la medida que yo misma me calmaba. No fue fácil, pero significó mucho para mí cambiar el ambiente familiar.

Otra lección importante que aprendí al asistir a clases con Ruth y Joe, fue la importancia de compartir tiempo de calidad con mi hijo. Esto significa dedicar de 20 a 30 minutos cada día para jugar o hablar con él. Esta enseñanza fue difícil de establecer porque la vida cotidiana lleva a los padres a olvidar la importancia de compartir tiempo con nuestros hijos. Hoy en día mi hijo mayor ahora ingresa a su último año de escuela secundaria, y aún tenemos desacuerdos, es un estudiante apasionado que se ha destacado en sus estudios tanto cuando estaba en Estados Unidos como ahora en Bogotá. Es un consumado programador de computadores y ha viajado a otros países para participar en competencias de programación. Habla inglés con fluidez y recientemente ocupó el primer lugar en la prueba preliminar de nuestros exámenes nacionales de estudiantes de secundaria. Sé que no todo se debe a la crianza de los hijos, sé que tiene dones y talentos naturales, pero también sé que concentrarnos en sus fortalezas y evitar los gritos y los golpes le dio espacio para convertirse en el increíble joven que es hoy en día. Fue difícil, pero mi esposo y yo estamos agradecidos de haber podido protegerlo, al menos hasta cierto punto, de algunos de los efectos nocivos de tener una crianza tan dura como la que ambos tuvimos cuando niños.

Después de unos años llegó mi segundo hijo y él ha sido el más afortunado porque ya habíamos consolidado la idea de una disciplina positiva, obviamente sin castigo físico. Mi hijo menor parece haberse beneficiado de nuestro enfoque positivo hacia la crianza de los hijos. También puede ser su naturaleza, pero él es un niño pacífico que no muestra berrinches y desobediencia. Es un niño seguro de sí mismo, confiado y hace amigos fácilmente. Creo que enfocarse en su comportamiento positivo desde el principio ha hecho que su vida (y la mía) sea mucho más fácil.

Ahh!! Olvidé hablar sobre el otro gran desafío que fue estar de vuelta en Bogotá al lado de mi familia y ver que no estaban de acuerdo con mis métodos de crianza. De acuerdo con mis padres y familiares, estaba malcriando a mis hijos. A lo largo de los años, estoy complacida de ver que mis padres hayan visto y comprendido que el uso del castigo físico con niños no es el mejor enfoque. También estoy muy agradecida de haberme encontrado con ese volante años atrás en la lejana ciudad de Storrs, Connecticut. Ese volante me mostró lo que la investigación ha descubierto acerca de la implementación de una crianza positiva y que realmente ayuda a los niños y a los padres a prosperar como familia.

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